Proactividad versus reactividad: ganar o perder
Son las cinco de la mañana y el director general de la compañía recibe una llamada telefónica. Entre los gruñidos del despertar no da crédito a lo que oye: las autoridades han ordenado la retirada de sus productos del mercado.
Ahora comienza un devenir de gritos, reuniones improvisadas, llamadas sin respuesta porque no se consigue localizar a los destinatarios, nervios y mas nervios. Todo el mundo sabe que hay que hacer algo, pero nadie sabe qué hacer. A las dos horas la sede de la compañía parece un hormiguero: personas moviéndose rápidamente en todas las direcciones, algunas casi chocándose entre si. Gritos mas gritos. Caras largas. Los medios esperando declaraciones y las redes sociales al rojo vivo. Para cuando se consigue estructurar una respuesta, ya es tarde. Se han perdido las primeras horas o incluso días.
En caso de crisis, aunque no sea de la magnitud de la del ejemplo, la mayor parte de nuestras empresas e instituciones no dispone de una política definida ni de un plan de respuesta ante crisis. Simplemente se va reaccionando a los acontecimientos tal y como se van sucediendo, en una improvisación peligrosa. La preparación de respuesta ante ciertos riesgos no está entre las prioridades de lla mayor parte de los directivos.
Nada puede garantizar que nuestra empresa salga indemne de una crisis, pero sí sabemos que una actitud proactiva y una preparación previa, permite estructurar una respuesta organizada que minimice al máximo los daños que sufrirá nuestra compañía. Es la diferencia entre ganar o perder. O entre perder y perder mas todavía.
Imagen: dietadeporte







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